jueves, julio 21, 2005

Existencia y contrabando (II): pérdida de intimidad y desconfianza.

        Es necesaria una confesión: en mi existencia ya no existe la intimidad; la olvidé, quizás me olvidó ella, no importa; pero Olvido en el sentido menos poético y sentimental de esa trabajada palabra: el de la pérdida total, sin remordimientos, como quién olvida una calle, el personaje de un libro o una lección de geografía. Olvido sin culpa, sin responsabilidad. El olvido sin memoria que se practica como quién besa en cada fiesta, como quien va de compras o entrega una moneda, irremediablemente caritativo.

        Pero para mí todo esta pérdida es un verdadero destierro de mí mismo. Me voy de mi gente, me voy lejos hacia mi; y me voy de mi hacia ninguna gente. ¡Cuán inhumano perder la intimidad!. Es que uno solo no tiene intimidad, sino soledad. Y yo, este hombre, jamás podria concebir la vida solo, salvo cuando leo, duermo o me enojo, pues la soledad con mayusculas -casi tan grande y ornamentada como la de Olvido- no debe buscarse en los rincones de la vida y la miseria, sino en las acciones más sencillas. La tierra de la cama, los besos, la charla y caminar de la mano, discutir, celar; charlar con los amigos cercanamente, abrazar, toda esa tierra montañosa e imperfecta está lejana, quitada, arrebatada.
        Uno está solo desconfiando de sí mismo y de los demás cuando desconoce la intimidad, de la que no queda más que el hueco raro e inexplicable de un recuerdo mitad sexual, mitad amoroso; donde se aparecen lugares algo inventados y otro poco reales; pensamientos, escenas, ideas macabras contra uno mismo que se mezclan con culpa y deseo, confusamente. La existencia de uno se quiebra y se divide, volviendose irreal alguna de ambas partes, peleandose antes de dormir mientras uno asiste a ese combate interior como si no estuviera alli.

        Se esconden en esa pérdida de intimidad, al menos en la mía, dos sucesos terribles y crueles: la perdida de confianza (des-confianza) y el contrabando de los sentimientos, parientes un fenómeno del otro. Ahora no creo mucho en mi capacidad de intimar, porque uno no se sabe capaz de algo que no conoce. Entonces nos replegamos, como un perro al que le dan un murrazo por robar un pedazo de carne, nos vamos haciendo chiquitos adentro de nosotros mismos, y haciendo bollitos de papel nuestra propia existencia (perdón Kairel, por robarte la frase; y asimismo gracias) la vamos arrojando tímidamente, como un escolar miedoso de ser atrapado. Arrugados, pequeños y escondidos ¿qué dirán esos papeles de nosotros?
        Y nuestra futura intimidad, de la cual depende nuestra existencia, se carga pesada de culpa y, desconfiados de nosotros, primero, y de los demás, después, necesitamos contrabandearnos: pasar nosotros mismos como mercancía ilegal, tramposo, doble. Necesitamos comerciar bajo otras leyes, en las cuales no somos nosotros sino el producto que ellas permiten, pues ya hace tiempo que no somos la persona que existe sino la que está. Es que (oh, humanos) necesitamos intimidad, necesitamos recuperar, como podamos, esa sensación que nos devuelva hacia los otros y hacia nosotros.

        Jamás hubiera pensado, hasta hoy, que mi existencia dependiera en este grado de mi intimidad. Y la falta de ella (o no-existencia, directamente), me tienen acá escribiendo: íntimo de mi doble, del contrabandista. No quiero que sea este espacio mi intimidad; no quiero ser yo-aquí, sino yo-aquél-obligadoaser-mercancía que busca en los recuerdos algo que sabe que puede tener, en algun divino comercio. Quiero unir ese doblez del que hablé antes, quiero desovillar esos bollitos que fui tirando, escudandome en aquél.

P.D.: para los que empiezan a leer el texto de atrás hacia adelante (sólo porque está en bastardilla) les pido que no me digan, como Mafalda, que "no todo es mercancía", ya que justamente ese es el punto doloroso.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Yo también, falta de intimidad a medias, disfruto la preferencia del "compartir un café y no una cama". La búsqueda del hombre por ser humano y no por hombre. Y el infinito fracaso de esos hombres personas que se pegotean en las elecciones, en la libido, en la admiración y en el presente. En la potencial cama y en el potencial café.

Srta. K.

10:33 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Te pertenecen. Elegí las palabras que más te gusten.


Ser-Miradaidad

10:42 p. m.  
Blogger Roger said...

Sí, K. La búsqueda de la mujer por hombre, por ser humano, tan dificil de entender y siempre potenciandose y manchando.

Anonymous. Ellas me eligen a mí, como las mujeres; yo sólo hago los preparativos.

Mafalda. Creo que mi postdata resulta algo hiriente para el que no sabe que nosotros ya arreglamos el asunto de las mercancías. Te usé de mal ejemplo, asi que perdón de todos modos.

12:09 p. m.  

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